Testimoniales de vida
La historia de Hank

"Cuando el médico de Hank supo que yo estaba embarazada, nos sugirió almacenar la sangre del cordón del bebé. Nunca antes se nos ofreció esta opción con ninguno de mis hijos."
---- Diane Heacock, madre de Hank, quien se curó de leucemia con un trasplante de células madre de sangre del cordón.

 

La leucemia ataca
Hank Heacock tenía 18 años cuando recibió el trasplante de células madre que le salvó la vida. Su madre recuerda esta experiencia como si hubiera sucedido ayer.
Diane y Henry Heacock, de Cape May Court House, Nueva Jersey, estaban cada vez más preocupados al ver que Hank, el mayor de sus seis hijos, se veía siempre cansado, perdía el apetito y comenzaba a tener fiebres. Un día, que se desmayó en el baño, lo llevaron inmediatamente al médico. Las pruebas de sangre que le hicieron en el hospital local confirmaron los peores temores de la familia Heacock: Hank tenía leucemia.
"La noticia fue aterradora," cuenta Diane. Ella llevaba dos meses de embarazo, y pudo acomodar que alguien atendiera a sus cuatro hijas, en edad de dos a trece años. Pusieron algunas cosas en una maleta y se dirigieron al Children's Hospital de Philadelphia (CHOP), con Hank.

Lo mejor de ambos mundos
Los médicos en CHOP confirmaron el diagnóstico de leucemia aguda linfoblástica.
"Entrar a ese pabellón de oncología con nuestro hijo fue como llegar a otro mundo."
Cuando uno de los médicos de Hank supo que Diane estaba embarazada, les sugirió que guardaran la sangre del cordón umbilical del bebé en Cord Blood Registry. "Nunca antes se me había presentado esa opción. Ojalá y lo hubiéramos hecho con nuestros otros hijos," explicaba Diane.
Hank pasó por un abrumador régimen de tratamientos de quimioterapia durante tres largos años. Cuando se hizo evidente que Hank necesitaba un trasplante de médula ósea, se le hicieron pruebas a toda la familia. Sus dos hermanos más pequeños, Jessica, de cinco años y David, de casi dos, resultaron compatibles con Hank. A pesar de que Jessica era mayor y podía donar más médula ósea, David fue la mejor decisión debido a que se tenían guardadas sus células madre del cordón. Los médicos quisieron utilizar las células madre del cordón para el trasplante porque ofrecen mejores resultados y menos efectos secundarios, pero también quisieron complementar el trasplante con médula ósea para asegurarse una cantidad adecuada de células madre. Los médicos comentaron que Hank estaría recibiendo "lo mejor de ambos mundos".

David salva a su hermano mayor

Hank, de 18 años, había estado en el hospital por casi un mes cuando su hermano David, de dos años, se internó para donar células madre de su médula ósea. Mientras que Hank recibía la última sesión de seis radiaciones, los médicos le extraían a David su médula ósea. David se recuperaba en una habitación, al mismo tiempo que a Hank se le aplicaba una transfusión intravenosa de las células madre de la médula ósea de su hermano menor. Finalmente, el siguiente día, Hank recibió las células madre del cordón de David. "Esos dos o tres minutos que tomó inyectarle a Hank esas invaluables células madre del cordón, fueron cruciales para su salud," dijo Diane.

El camino para la recuperación
Sólo dos días después del trasplante, Hank ya daba señales de que sus glóbulos blancos comenzaban a prender. Continuaba mejorando pero todavía necesitaba de visitas frecuentes al hospital y sufrió levemente de la enfermedad AICH, una complicación común post trasplante.
"Estaba muy agradecido de que las células madre del cordón de David fueron perfectamente compatibles con Hank. He visto otros casos de trasplantes, de donadores no relacionados, con complicaciones y efectos secundarios más graves," explicaba Diane.
La lenta pero segura recuperación de Hank se debió, en parte a la intensa solidaridad familiar: Todos ayudaban con las tareas diarias, como cocinar y limpiar la casa. Los miembros de la congregación de la familia eran una constante fuente de apoyo emocional y espiritual. "Nuestros amigos rezaban con nosotros, lloraban con nosotros y ayunaron con nosotros."
La familia pronto aprendió que a veces, las dificultades pueden unir a la gente. "Cada niño contribuyó de una manera verdaderamente especial."

Hermanos de sangre
Hoy, a la edad de veinte años, Hank está completamente restablecido. Es un joven saludable y activo, a quien no le importa compartir su cuarto con su hermanito. A ambos les encanta los sándwiches de jalea de cacahuate y malvaviscos, disfrutan de las películas viejas de John Wayne y llevan una relación muy especial. "Después de cuatro hermanas, Dios sabía que yo necesitaba un hermano. ¿Que si tenemos una relación especial? Sí, ahora somos hermanos de sangre," dijo Hank.
Al igual que tanta gente, Diane y Henry Heacock no pensaban que el cáncer infantil se pudiera dar en su familia. Cuando sucedió, su amor y fe en Dios los sacó adelante.
"Todos deberían saber que la sangre del cordón es una gran fuente de células madre y que puede salvar vidas. Sin embargo, sabemos que fue Dios el que salvó a nuestro hijo; sólo utilizó las células madre del cordón para lograrlo."